En 2020 escribí esto y en 2024 sigo pensando lo mismo.

Las pautas de ejercicio para adultos sobrevivientes de cáncer están inspiradas en las pautas internacionales para la prescripción de ejercicio en la población general, es decir, todos los adultos deben acumular ≥ 150 min/semana de actividad física aeróbica de intensidad moderada, como caminar a paso ligero o ≥ 75 min/semana de actividad física de intensidad vigorosa (p. ej., caminar muy a paso ligero, trotar) o una combinación equivalente de las mismas, más 2 a 3 días de ejercicio de fuerza (p. ej., levantamiento de pesas) que involucra a los principales grupos musculares. Sin embargo, el cáncer no es una enfermedad uniforme y difiere considerablemente de un paciente a otro, como hemos podido ver en recientes entradas al blog (Heterogeneidad metabólica en el cáncer) . 

Los supervivientes de cáncer también muestran heterogeneidad con diversas consecuencias físicas y psicológicas que influyen en su disposición para entrenar. Por lo tanto, es importante adaptar los programas de ejercicio, teniendo en cuenta los diferentes efectos secundarios, tratamientos y necesidades de los pacientes y supervivientes, ya que es posible que algunos no alcancen fácilmente una dosis óptima o «ideal» de ejercicio debido a su estado individual. 

El uso de pautas genéricas de ejercicio para pacientes y sobrevivientes de cáncer puede limitar todo el potencial terapéutico de los programas de entrenamiento físico personalizados.

No todos los pacientes se comprometen con el programa de entrenamiento que se les propone. Las bajas tasas de cumplimiento que se pueden observar entre los pacientes con cáncer indican que establecer programas de ejercicio para estos individuos es un gran desafío. En este sentido, las intervenciones de ejercicio para pacientes y sobrevivientes de cáncer deben ser supervisadas porque, en comparación con el ejercicio no supervisado, inducen mayores beneficios y la adherencia de los participantes suele ser mayor. 

Por otro lado, se debe alentar a los médicos en general y a los oncólogos en particular a que asesoren a sus pacientes sobre los beneficios del ejercicio físico. Algunos médicos aún desconocen (o al menos subestiman) los beneficios del ejercicio regular para sus pacientes. Sin embargo, son los médicos los profesionales que deben promover en primer lugar conductas de vida saludables en sus pacientes, que sin duda incluyen la práctica regular de ejercicio físico.

En este sentido, aún no existe una definición clara del perfil profesional específico y la formación educativa que se requieren para esta tarea, pero sería poco realista pensar que sean los clínicos los encargados de diseñar o supervisar las intervenciones de ejercicio. Por el contrario, los entrenadores de ejercicio deben formarse en este ámbito. Todo profesional de la salud involucrado en la atención del cáncer debe conocer y ser capaz de transmitir a los pacientes los beneficios sustanciales que un programa de ejercicio puede inducir en términos de calidad de vida y tolerancia a la terapia anticancerígena, ya que sólo a través de una comunicación efectiva médico-paciente se logrará realizar ejercicio y que finalmente se le dé la prioridad que merece.

Referencias:

Redondo, M., Morales, J. S., Lucia, A., & Prieto, I. (2020). Physical exercise in cancer: general recommendations might not be enough. Cancer Causes & Control31, 83-84.